Último día en Seúl antes de coger las bicis, y lo dedicamos a lo que para mucha gente es el motivo de venir a Corea: asomarse a la frontera con el Norte.

Hay que reservarla, y con tiempo

Lo primero, porque es lo que más condiciona: la DMZ no se visita por libre. Es zona militar y solo se entra en excursión organizada, con autobús, guía y control de documentación. Nosotros la teníamos reservada desde diciembre, casi diez meses antes.

Nos costó 167,19 € los tres, unos 56 € por persona. Es la visita más cara del viaje con diferencia, y la única que no se puede improvisar.

Lleva el pasaporte encima: te lo piden.

El puente colgante de Gamaksan

La primera parada, a las 10:42, fue el puente colgante de Gamaksan (감악산 출렁다리), un puente peatonal rojo tendido sobre un barranco en la provincia de Gyeonggi, camino de la frontera.

Se mueve. Ese es el chiste y por eso está lleno de gente cruzándolo despacio y riéndose. Es una parada ligera antes de lo que viene después, y el contraste funciona.

El tercer túnel de infiltración

A las 15:38 entramos en el tercer túnel de infiltración, y esto ya es otra cosa.

Es uno de los túneles que Corea del Norte excavó bajo la zona desmilitarizada en dirección a Seúl. Se descubrió en octubre de 1978, después de detectar meses antes una explosión subterránea, y está a 44 km de Seúl: menos de una hora en coche. Mide unos 1.635 metros, con una sección de apenas 2 × 2 metros, y se calculaba que por él podía pasar una división completa por hora.

Se baja por una rampa larga con casco —te lo dan a la entrada y lo vas a necesitar, porque con dos metros de techo se golpea— hasta el punto donde el recorrido se corta con un muro de hormigón.

Es una de esas visitas que no son espectaculares visualmente —es un túnel de roca húmeda, estrecho y mal iluminado— y sin embargo se te quedan. Estás andando por un agujero que alguien excavó para invadir el país en el que desayunaste esta mañana.

No se puede fotografiar dentro.

Imjingak y el parque de la Paz

La última parada, a las 16:15, fue Imjingak y el parque Pyeonghwa-Nuri: una explanada verde junto al río Imjin con el Puente de la Libertad, una locomotora acribillada a balazos que quedó parada en la guerra, y miles de cintas de colores atadas a la alambrada con mensajes de familias separadas por la frontera.

Eso es lo que de verdad te golpea de la DMZ. No la geopolítica: las cintas. Hay gente que lleva setenta años escribiendo el nombre de un hermano en un trozo de tela.

Comer, y el último capricho antes de la bici

La comida de la excursión fueron 26.500 wones los tres (17 €). Y de vuelta en Seúl rematamos el día con la cena —bibimbap y mandu, 43.600 wones, unos 28 €— y un bingsu con gofre, 35.000 wones.

El bingsu (빙수) es el postre coreano de hielo raspado con leche condensada, fruta o pasta de judía roja, en un cuenco del tamaño de un barreño y para compartir. Lo mejor que te puede pasar después de un día entero andando.

Al día siguiente tocaba recoger las bicis. Se acababa el turismo y empezaba la ruta.


Datos del día · Excursión en bus a la DMZ · Puente colgante de Gamaksan, tercer túnel de infiltración, Imjingak · 56 € por persona, reservado con diez meses · Alojamiento: Seúl · Mañana: las bicis, y el kilómetro 0.